Mascotas que pasan por nuestra vida dejando huella (20??-2026)

Hoy nos hemos despedido de una de las gatas más buenas, cariñosas y dóciles que yo haya conocido. Los alrededor de 18 años que calculamos que tenía le han pasado factura, como termina ocurriendo incluso en las vidas mejor cuidadas. Y la naturaleza (implacable, paciente, ajena a nuestros deseos), tal y como llevábamos observando desde hace algunos meses, no ha perdonado. Porque si algo confirma el paso del tiempo es que esta que hemos vivido hoy es, inevitablemente, la parte más difícil de tener un gato.

Ha sido una presencia tranquila, amable y profundamente agradecida que, por mérito propio, se ha ganado su lugar para siempre. De esas que hacen hogar sin hacer ruido. Extrañaré esa forma tan suya de reclamarnos cariños y atenciones, siempre con suavidad, frotando nuestros tobillos, queriendo ser una más de la familia. Hasta un minuto antes de recibir la inyección, cuando ya ni siquiera se tenía en pie, ha inclinado la cabeza predispuesta al gozo de unas últimas caricias.

Debo agradecerle haber tenido esa bendita paciencia con Ekain. Cualquier otro gato le hubiera cruzado la cara, pero ella siempre eligió el camino de la calma y el respeto. Una estoica forma de estar en el mundo que no todos los gatos tienen.

Al igual que a la añorada Kuky, siempre la recordaré porque han sido más de diez años con ella, y muchas siestas suyas sobre mis piernas. Momentos sencillos que hoy pesan.

Descansa.

Comentarios