El terremoto PISA empieza mucho antes de los 15 años.

El lehendakari Imanol Pradales anuncia una "revisión a fondo" de la estrategia digital en los colegios tras los malos resultados de PISA.

Lleváis dos semanas dándole vueltas a la "catástrofe PISA" y no es tan complicao, Imanol. Podéis seguir echándole la culpa a las pantallas, podéis replantear la estrategia digital, y podéis todo lo que os parezca oportuno. Pero lo que no puede ser es inculcar a los niños de 3-4-5 años, cuando son auténticas esponjas, que a la escuela se va a jugar sin parar durante 8 horas, y que no hay lugar para el aburrimiento o el esfuerzo. Porque, una vez que tienen esa idea (producto de una interiorización temprana) con 7-8-9 años ya sí que son prácticamente irrecuperables para que se tomen con un mínimo de seriedad su estudio y su escuela, a la que ven como poco más que una atracción de hinchables o un parque de bolas. Porque a la escuela hoy día se va a jugar.

Cuando yo tenía 4 años, desde nuestro primer día de clase, se nos adjudicaba un pupitre. Ese era nuestro sitio para todo el curso. Y la maestra nos enseñaba en la pizarra "las letras y los números". "Esto es una letra A", "Esto es una letra B", "Esto es un número 1"... y no había ni puto juguete en toda la escuela, ni una bici, ni un cajón de 4 m² de arena de la playa, ni un circuito de carreras, ni un monopatín, ni un parchís, ni una comba, ni un camión, ni un muñeco, ni siquiera un balón... Para jugar al fútbol en el recreo, lo hacíamos nosotros invirtiendo un cuarto de hora (medio recreo) en formar una pelota con todos los papeles albal de nuestros bocadillos. Los postes de la portería eran nuestros jerseys, rebecas, chaquetillas de chándal y libros (porque ya teníamos libros como este).

Los niños no son tan gilipollas como muchos creen y no necesitan que los adultos les diseñemos cada minuto de su ocio. Y, sin embargo, entras a cualquier escuela, desde Punta Umbría hasta Irún, ya sea escuela grande o escuela pequeña, y parece unos grandes almacenes de Toys "R" Us. Y así no hay manera porque la interiorización temprana de determinados hábitos y conceptos no desaparece mágicamente cuando el niño cumple años.

No estoy diciendo que aquella carestía de juguetes que nosotros/as teníamos fuera mejor. Ni mucho menos. No creo que la ausencia de recursos educativos sea ninguna virtud, y no tengo ninguna nostalgia especial por aquellas escuelas que tenían cuatro cosas contadas.

Por tanto, que una escuela tenga juegos, materiales educativo-manipulativos, rincones de experimentación, o espacios agradables no me parece negativo en absoluto. Lo preocupante es que, con tal de hacer agradable la escuela, la hemos convertido en un lugar donde el esfuerzo, la atención, y la frustración tienen cada vez menos sitio, porque ese espacio ha sido ocupado por lo lúdico.

Si durante toda su infancia temprana les hemos transmitido que la escuela tiene que ser en todo momento agradable, divertida, hedonista, entretenida, estimulante, un parque temático Warner... luego quizá resulte bastante complicado explicarle que aprender una determinada materia exige sentarse durante media hora, concentrarse, esforzarse, y aguantar aunque aquello no tenga ninguna gracia.

Así que ya te digo yo, lehendakari, que de aquí a dos años no mejoraréis los resultados del Informe PISA. Yo apostaría a que incluso empeoran.
Guarda captura, Imanol.

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