El papelón post-17M de Juan Manuel Moreno Bonilla ante la cuadratura del círculo verdiblanco

Las elecciones autonómicas andaluzas del 17 de mayo de 2026 han dejado un escenario parlamentario endiablado para el Partido Popular[1]. Aunque Juan Manuel Moreno Bonilla ha vuelto a ganar los comicios, la pérdida de la mayoría absoluta (cayendo de 58 a 53 diputados, a dos de la mayoría necesaria para gobernar en solitario) ha desactivado la cómoda balsa de aceite en la que navegaba su Gobierno[2][3].

Ahora, el líder del Partido Popular Andaluz se encuentra ante la tesitura de negociar con los 15 diputados de Vox, una situación que él mismo calificó durante la campaña como "el lío" que los andaluces debían evitar[4].

Sin embargo, el verdadero quebradero de cabeza para Moreno Bonilla no es puramente matemático, sino de coherencia política e identitaria. Durante el último sexenio (2020-2026), el presidente andaluz ha edificado minuciosamente su perfil político sobre una apropiación simbólica del andalucismo, presentándose como un "andalucista confeso" de centro-derecha, defensor de la autonomía y admirador de Blas Infante. Un relato institucional que ahora choca frontalmente con el discurso de Vox, una formación que no solo desprecia el marco autonómico, sino que ha hecho de la descalificación de los mitos fundacionales del andalucismo una de sus principales banderas ideológicas.

El andalucismo de etiqueta: La estrategia de San Telmo (2020-2026)

Desde su llegada al Palacio de San Telmo, Moreno Bonilla entendió que para consolidar la hegemonía del PP en el histórico feudo del PSOE debía arrebatarle las banderas identitarias a la izquierda[6][7]. Para ello, diseñó un andalucismo institucional y pragmático fundamentado en gestos de gran calado simbólico: 1. La sacralización de Blas Infante: Moreno Bonilla ha integrado plenamente al "Padre de la Patria Andaluza" en su panteón oficial. En sus discursos, lo ha definido como "una de las principales luces que nos han guiado hacia una conciencia más profunda de nosotros mismos y de lo que somos como andaluces" y ha ensalzado que Infante enseñó a la comunidad "un poso de solidaridad, empatía y universalidad". El cénit de este idilio se vivió en 2025, coincidiendo con el 140º aniversario del nacimiento de Infante, cuando el presidente inauguró la ampliación de su casa natal en la localidad de Casares reivindicando su legado para construir "una Andalucía más justa e igual".



2. La institucionalización del 4 de diciembre: En un movimiento audaz, el Gobierno de Moreno Bonilla instauró oficialmente el 4 de diciembre como el "Día de la Bandera de Andalucía", apropiándose de una fecha históricamente ligada a las movilizaciones andalucistas de la Transición de 1977. Con ello, buscó asociar la enseña verde y blanca a la estabilidad institucional de su administración.

3. La retórica de la "defensa propia": En el debate sobre la financiación autonómica y los encajes territoriales, el PP andaluz ha recurrido de forma habitual al lenguaje del andalucismo histórico, asegurando que Andalucía "no se quedará callada, ni aceptará discriminaciones frente a otros territorios"[8].


Este "injerto andalucista" en el ideario del Partido Popular llegó a calar tanto que estudios de opinión recientes reflejaban que una parte significativa de los andaluces ya identificaba la figura de Moreno Bonilla de la mano de los símbolos tradicionales de la comunidad[5].

El ariete ideológico de Vox contra los mitos andaluces

Al otro lado de la mesa de negociación se sienta un partido cuyas tesis sobre la identidad andaluza son diametralmente opuestas a las que Moreno Bonilla ha tratado de institucionalizar[9]. A lo largo de los últimos años, Vox ha mantenido una ofensiva ideológica sin cuartel contra la simbología autonómica, destacando tres frentes principales: 1. El ataque directo a Blas Infante: Para Vox, el referente andalucista no merece ningún respeto institucional. Lo han calificado repetidamente de "lunático islamófilo" y de "radical que buscaba dividir a los españoles", insistiendo en que "Andalucía no le debe nada". Durante la precampaña de 2026, el propio Santiago Abascal redobló la apuesta en un mitin en Málaga acusando a Blas Infante de ser el "padre de una patria islamista".
2. El ataque personal a Moreno Bonilla: En ese mismo acto de abril de 2026, Abascal fue más allá y bautizó despectivamente al presidente de la Junta como "Juanma Moruno", acusándole de "promocionar la invasión islámica" debido a sus políticas migratorias y de asimilar "las mismas tonterías" que el PSOE respecto a Blas Infante.

3. La impugnación de las fechas clave: Vox rechaza de plano el marco del 28 de febrero como Día de Andalucía, proponiendo sustituirlo por el 2 de enero en conmemoración de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Asimismo, han tachado de "invento" el 4 de diciembre impulsado por el PP, rebajándolo a la categoría de "el día de la casta política en Andalucía".

El "papelón" de la justificación: ¿Andalucismo de convicción o de conveniencia?

La pregunta que sobrevuela en el ámbito andalucista (pero el ámbito andalucista real, no el de Juanma Moreno) es evidente: ¿Cómo justificará Moreno Bonilla un pacto de gobernabilidad o una coalición con una fuerza política que insulta abiertamente la figura histórica que él ha tomado como referente en los últimos años, deslegitima el día de la bandera que él mismo creó, y le apoda "Juanma Moruno" de forma despectiva en público? Sólo el hecho de que se esté planteando pactar con VOX deja al descubierto que el PP andaluz utilizó a Blas Infante y la bandera verde y blanca como un mero ejercicio de mercadotecnia electoral para ensanchar su base de votantes por el centro, pero que a la hora de la verdad no tiene reparos en aliarse con quienes insultan a Blas Infante mientras buscan desmantelar el Estado de las Autonomías.


Pero este dilema para el Partido Popular no se detiene en los gestos, ya que Vox ha advertido de que su apoyo parlamentario no será gratuito y exigirá medidas de calado, como la implantación de la "prioridad nacional" en el acceso a ayudas sociales y vivienda protegida[11], un concepto espinoso que choca directamente con la imagen de moderación, integración y "solidaridad universal" que Moreno Bonilla acostumbra a proyectar[12]. Desde el entorno de San Telmo se intenta deslizar que se buscará un acuerdo programático rápido que evite la entrada de Vox en el Ejecutivo, o bien ceder carteras sectoriales antes que asumir compromisos ideológicos que desdibujen la "vía andalucista" del PP. Sin embargo, la debilidad parlamentaria de los populares (que necesitan obligatoriamente el concurso de los de Abascal para superar la investidura) limita enormemente su margen de maniobra.

Una careta andalucista que se caerá en las próximas semanas

Juan Manuel Moreno Bonilla se enfrenta al examen más difícil de su carrera política. Su exitoso relato de un "andalucismo de centro-derecha", transversal y desprovisto de tensiones territoriales con el resto del Estado Español, se encuentra contra las cuerdas. El pragmatismo político le empuja irremediablemente a entenderse con Vox para conservar el poder, pero el precio a pagar puede ser la demolición de la misma coherencia simbólica e ideológica que con tanto esmero construyó durante sus años de mayoría absoluta. En las próximas semanas se comprobará cómo ha instrumentalizado la bandera verde y blanca sólo como una indumentaria de campaña de la que se puede prescindir cuando las matemáticas parlamentarias aprietan, y sin haber adquirido nunca con ella un verdadero compromiso de fondo.


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